LAS ESTADISTICAS DE LAS AMPUTACIONES EN ESPAÑA.

“En España hay en torno a unos 59.000 amputados”

España es el segundo país del mundo, solo superado por Estados Unidos, con más amputaciones de miembros inferiores a causa de la diabetes tipo 2, con una tasa de 3,19 por cada 1.000 afectados. La diabetes es la causa más frecuente de amputación no traumática de la extremidad inferior en España, pues siete de cada diez se deben a esta patología, según la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular (SEACV).

En cuanto a la prevalencia, el estudio establece que no existen grandes diferencias por sexos (el 49,6% de los pacientes con diabetes tipo 2 son hombres y el 50,4% mujeres), ni por hábitat rural o urbano, si bien a medida que aumenta la edad de la población se incrementa también la prevalencia, ha informado la Fundación en un comunicado.

Por estado civil, la mayoría de las personas con diabetes tipo 2 están casadas (57,7%), aunque destaca el elevado porcentaje de viudedad (27,4%), quizá por la mayor prevalencia en la tercera edad.

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LA PARTE EMOCIONAL DE LOS AMPUTACIONES.

La atención multidisciplinar e inmediata de la persona que sufre una amputación, especialmente en lo emocional, es la principal conclusión del estudio pionero realizado en España, que analiza las causas del síndrome del dolor “fantasma”, esa sensación de dolor en el miembro perdido.

Cuando se pierde un miembro eso tiene una representación cerebral” y si no se rehabilita correctamente la parte emocional con psicólogos, terapeutas y médicos, el dolor se extiende a otras partes del cerebro, En los casos en los que la rehabilitación tras la amputación “no fue muy buena”, con “problemas con las prótesis” y “tratamientos no muy bien resueltos” en la parte afectiva, con depresiones o ansiedad posteriores, el “dolor del miembro perdido es mayor y persistente”.

Sobre los tratamientos, y de acuerdo a los participantes en el estudio, se concluye que “no hay un tratamiento protocolizado porque tampoco existen equipos multidisciplinares en el medio hospitalario tanto para prevenir como para tratar el dolor fantasma”, y la mayoría de los pacientes no habían tenido un tratamiento específico, ni conocían un tratamiento efectivo ni como afrontar el dolor.